ESCONDERSE EL DOLOR

Nacional VI. Ocho de la tarde. Elena siente que está a punto de suceder de nuevo. Las pupilas se le han dilatado, no puede ver la carretera con claridad. El corazón se le desboca con una taquicardia que le ahoga. Las manos le sudan y le tiemblan, inseguras, sobre el volante. Se marea. Siente que ha perdido el control de su cuerpo, que podría estar teniendo un infarto, desmayarse o perder la visión de la línea continua y estrellarse contra el quitamiedos. Pero teme que, si se detiene en el arcén como le han aconsejado, podría ocurrir algo aún peor. Algo sin retorno. Le gustaría cerrar los ojos y que el peligro y el miedo desaparecieran. Esconderse, asustada, detrás de las cortinas, como cuando tenía tan solo cuatro años y vio discutir a sus padres, desnudos y gritando, haciéndose daño de verdad. Nunca pudo hablar de ello, A partir de entonces aprendió a callar, a esconder todo lo que fuera incómodo, malo o angustioso. Imaginó que si se volvía invisible, sorda, ciega, aquello no estaba ocurriendo. Y, a partir de entonces, todo fue bien. Tal vez.

Pero ahora no puede esconderse. Veinte años evitando sufrir, hasta que la ansiedad y los problemas la enfrentan a la vida, quieren obligarla a salir de detrás de las cortinas. La carretera es un peligro real, un peligro ante el que está sola, sin el amor de su padre ni la serenidad de su madre ni la seguridad de su novio, Luis. Tiene que esforzarse para ver la carretera y escuchar los movimientos de los otros vehículos. No puede volver la vista hacia los campos verdes ni escuchar el bullicio del vuelo de los vencejos. Como entonces, pequeña y escondida detrás de unas cortinas, cuando se obligó a no ver lo feo.

                Otra vez ese recuerdo. Ya se lo imaginaba. Iniciar otra terapia no era más que volver a contar aquello a otro sabueso que escarbaría en sus recuerdos, removiendo la basura para que apestase de nuevo y ensuciando lo hermoso: La casa de Tarifa, salir libre, divertirse; su madre que siempre sabe lo que hay que hacer, serena y alegre. La inmensa finca de su padre; ser su nena linda; sus abrazos, sus caprichos, su atención, siempre satisfechos. El amor de su novio. Ahora todo se mezcla con discusiones que nunca se explicaron, escenas negadas, sonrisas de conveniencia, mentiras silenciosas y silencios como cortinas opacas. Los recuerdos se mezclan, se renuevan, se ensucian con miedos, incertidumbre, sospechas, y le oprimen el pecho sin dejarla respirar. Vivir.

Aunque el pecho ya se le hundía en la ansiedad y el descontrol antes de que la terapia volviera a remover lo que estaba tan cansada de remover. Y este terapeuta iba desgajando las capas con mimo. Pero ¿de qué iba a servir aquello? ¿Tal vez para ver a su padre con ojos turbios? ¿Para cuestionar a su madre? ¿Para terminar con su novio una relación que quizás solo fallaba por culpa de sus propios celos? Abrir los ojos y detenerse en el arcén. Siempre le ha parecido lo más difícil.

Ahora no hay otro remedio.

La carretera se vuelve una borrosa franja gris recorrida por estelas de colores. Elena suelta el pie del acelerador. Se concentra. En el presente. Controla la respiración como le ha enseñado su terapeuta. “Venga, Elena. Ahora necesitas los ojos bien abiertos”, se dice a sí misma. Da el intermitente derecho y se va aproximando al arcén. Los coches pasan a su lado dejando un golpe de viento que hace vibrar la chapa de su refugio. Abandona los brazos y la cabeza sobre el volante. Respira profundamente. Y llora. Hasta que va serenándose. “Tengo derecho a sentirme así. Tengo derecho a sentirme. Y lo puedo controlar”.

Solo quería un remedio, una pastilla, una fórmula mágica, algún tipo de delicada microcirugía, para que esto no le volviera a ocurrir. Si le sirviese la marihuana como a su madre, sería feliz. Si le sirviese convencerse de que Luis le es fiel para estar segura de que no la abandonará, sería feliz. Su terapeuta le había dado consejos para controlar la ansiedad: llevar un registro de sus desplazamientos para confirmar cómo se siente antes y después y si ocurre algo en el trayecto. Controlar la respiración. Llamar a Luis si ocurre algo. Si ocurre esto.

Luis. Pero Elena está ahora reviviendo cómo esta mañana Luis colgó inmediatamente el móvil, con un gesto de sobresalto, cuando ella entró en la habitación “Era alguien que se ha equivocado”, explicó. “¿Será la misma que se olvidó la compresa en tu coche?” le dijo ella. Y, casi inmediatamente, se arrepintió. Comenzaron los gritos, las acusaciones de celos infundados, los desprecios. La sensación de que Luis va a abandonarla si no es capaz de controlar sus emociones. De no saber qué es real y qué se inventa ella. O él. De estar volviéndose loca. Le habría gustado entonces tener unas cortinas largas y tupidas detrás de las que esconderse, hacerse muy pequeña, cerrar los ojos. Ser ciega. Invisible. Pero ahora está en el arcén de una autopista, los coches pitan y dan las luces al pasar junto a ella, recordándola que no es invisible. Y que aún está en peligro: podrían chocar contra ella; comienza a anochecer.

“Tengo derecho a estar aquí, ¡me siento maaal!”, les grita con rabia. El corazón vuelve a acelerarse. “Controla, Elena, controla. Tienes derecho a estar aquí. A sentirte como te sientes”. No, no va a llamar a Luis. Está segura de que la ayudaría. La ayudaría a salir de una autopista y de un ataque de ansiedad. Pero no la ayudará a abrir los ojos para que nadie tenga que volverla a sacar de una crisis. Unas cortinas que se cierran. Una autopista. Una sospecha. Una cadena interminable de mentiras.

“Tengo derecho a estar aquí. A reconocer cómo me siento”. Eso dice su terapeuta. Abre el bolso, saca un pañuelo de papel, se suena y lo lanza al suelo. Ahora saca el móvil y busca un número que no es el de Luis. Una sonrisa se refleja en el empañado cristal mientras pulsa el botón de llamada. El teléfono da señal. Elena respira profundamente. Controla. Salta el contestador.

“Hola, soy Elena. Ahora estoy en un pequeño apuro, pero no te llamaba por eso. Era por si podías volver a darme la cita de los jueves, la que anulé. Estoy dispuesta a mirar detrás de las cortinas”.

cascada

¿Cómo nos afecta nuestro mundo?

Ansiedad, depresión, manías … ¿cómo nos afecta las malas noticias?

Habitamos tiempos complejos, son pocas las cosas que llegamos a comprender del todo rodeados como estamos de opaca tecnología, intrincados intereses ajenos y condicionamientos invisibles.

Nuestra sociedad está profundamente asustada y por ello no pretendemos proteger con diferentes  mecanismos de control psicológicos o defensas (evasión, manías, alienación…) ante  las amenazas que la televisión nos escupe cada día: terrorismo internacional, crisis económica, cambio climático, plagas, conspiraciones… y un largo etc. Cual jinetes del apocalípsis contemporáneos tales sucesos hacen tambalear la tranquilidad aparente de nuestra cotidianidad, haciéndonos vivir ante la presencia constante de unos peligros latentes, y lo que resulta más perverso, intangibles. El no saber es sinónimo de desamparo, y por tanto, de miedo ante lo desconocido. Y a nadie le gusta sentir miedo…

Como coetáneos de la era digital contemporánea parece que tuviéramos al alcance de la mano todo el conocimiento disponible, en un click de ratón accedemos a cualquier explicación, noticia, vídeo o imagen que se nos antoje. Internet nos cambió para siempre, abriendo nuestra manera de relacionarnos con la información a la inmediatez y a la universalidad. Pero ¿y si nos preguntáramos a un nivel vivencial, honesta y profundamente, si realmente nos sentimos seguros? ¿nos asienta en un mundo comprensible tanta velocidad y complejidad? ¿tenemos asidero en una sociedad en constante cambio? ¿cómo podríamos sortear la inseguridad sin quedar paralizados?

 Tal caldo de cultivo socio-histórico supone la generación de mayores indices de personas aquejadas de ansiedad, en la psicoterapia así lo comprobamos cada día. Por no saber dónde hallar la causa real de nuestra incertidumbre, muchos desarrollan síntomas rígidos, interiorizando amenazas ante las que no pueden defenderse. De alguna manera, mantener la mente ocupada alivia la inquietud del “no saber”. Sin embargo, a pesar de proporcionar esta ilusión de control, sufrir por anticipado no varía la probabilidad real de que algo suceda; el atentado ocurrirá igual aunque salgamos a trabajar con miedo, el cambio climático prosigue su curso aunque decidamos no salir de casa…

Las evidencias científicas nos aportan, gracias a las imágenes por resonancia magnética funcional, evidencias de como nuestro cerebro se activa exactamente igual cuando la amenaza es un peligro físico real que cuando no lo es. Es decir, cuando nos invaden pensamientos irracionales “rumias mentales” se activa el modo supervivencia exactamente igual que cuando vivimos una amenaza física real. Además, consecuentemente nuestro cuerpo comienza a segregar adrenalina, noradrenalina y cortisol.Y es entonces cuando nos volvemos irritables, irascibles, pesimistas.

Entendemos por “Zona de Confort  “al  estado de comportamiento en el cual un sujeto opera en una condición de “ansiedad neutral”, utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo (White 2009). Es una defensa más para escapar del malestar que supone vivir en un mundo que no podemos manejar. Pero, ¿y si aceptáramos la mutabilidad como una condición intrínseca y aprendiéramos a convivir con ella en lugar de escondernos, de fosilizarnos?

Siguiendo la estela de las teorías constructivas que imperaron en la psicología del aprendizaje en las décadas de los cincuenta y sesenta, debemos adaptar nuestra estructura cognitiva a este río de diferentes aguas que supone nuestro contexto, siendo nosotros también flexibles y adaptables.

Para concluir con esta reflexión en torno al miedo y la incertidumbre, el cambio y la oportunidad del cambio,  desde Psicotep queremos compartir un didáctico vídeo sobre qué es la zona de confort y sobre todo, del porqué sería beneficioso decidir salir de ella.

Confía y sal: hay un mundo ahí afuera…

Resiliencia – El cuento del Ave Fénix

Por todos es sabido que cualquier hombre, que cada sujeto de esta nuestra especie humana, es capaz de hacer lo mejor y a la vez también lo peor que imaginarse pueda (y así lo evidencian  nuestros noticiarios cada día). En ese paradójico misterio radica mucha de la riqueza, curiosidad y belleza de la disciplina que nos atañe, la psicología.

Una de las capacidades más nobles que a nuestro parecer nos conforman como personas, es la resiliencia entendiendo ésta como al conjunto de capacidades y habilidades que permiten que, cuando la adversidad se instala, uno sepa sobrellevarla, e incluso, superarla, convirtiéndose en alguien más fuerte de lo que antes era. Y es que como bien versa el dicho popular, “lo que no te mata, te hace más fuerte”.

El término que nos ocupa, alude precisamente al salto  ”resilio”  que  en latín significa “volver atrás, resaltar, rebotar”. La significación de tal enunciado deriva de la capacidad de resistencia que poseen ciertos materiales al poder doblarse sin romperse, y  recuperar la situación o forma original. Serían de esta forma resilientes, y a modo de ilustración,  un arco que se dobla para lanzar una flecha, o los juncos bajo la fuerza del viento. Los orientales trataban ya desde la antigüedad este concepto, al referir que la verdadera fortaleza se representaba en la metáfora del junco; por su flexibilidad inherente no se rompe frente a los envites del afuera (y en verdad, también de los de adentro).

Desde la neurociencia se ha estudiado este fenómeno hallando resultados que corroboran la plasticidad del cerebro, entiendo esta como la capacidad del tejido cerebral de modificarse permanentemente en estructura y función de acuerdo a los requerimientos del medio.

La neuroplasticidad sienta las bases neurobiológicas de los mecanismos involucrados en la resiliencia celular y sistémica, y también de la vulnerabilidad. Los neurocientíficos pueden documentar ahora gracias a las resonancias magnéticas funcionales, cómo el hemisferio izquierdo se activa más en las personas que practican el vivenciar mayores emociones positivas. El hemisferio izquierdo tiende a relacionarse acercándose a la experiencia, mientras el hemisferio derecho tiende a evitar y retirarse de la experiencia, limitando así los aprendizajes consecuentes de la exposición a situaciones nuevas.

Para nuestra supervivencia, nuestros cerebros han sido diseñados a priori a prestar mayor atención a las experiencias negativas e intensas que a las positivas y sutiles.  Frente a un estímulo aversivo (por ej. un depredador) nuestro cerebro codifica rápidamente como peligro y se activará una respuesta de huida o de ataque. Esa tendencia a la negatividad es lo que nos ha hecho sobrevivir como especie; siendo la ansiedad un síntoma adaptativo en su etiología.

Pero cuando, de forma intencionada y consciente, cultivamos capacidades como la gratitud, el sentido del humor, la tenacidad o las relaciones saludables, estamos expandiendo nuestra percepción de la experiencia, alejándola de un modo de funcionar estrecho y contraído, hacia una perspectiva más expansiva, donde podemos descubrir nuevas formas de elegir, y por lo tanto, mayor espacio para ser, en libertad.

De estos trabajos científicos, y de manera casi espontánea, podemos dilucidar el potencial de generar estas capacidades de manera trasversal en la educación, y trabajar así desde la prevención en post de una población más resiliente  y  consecuentemente, más feliz.

Desde la Psicoterapia cada día vemos multitud de estos automatismos que nos constriñen a una vida menos libre y plena, topamos con unas resistencias inútiles que no protegen del afuera, sino que cercenan nuestras alas

“Se dice por ahí que en el jardín del Edén creció un rosal y de allí nació un hermoso pájaro. Un día una chispa cayó sobre él y el pájaro ardió. Sin embargo, de las llamas surgió una nueva ave con grandes alas, el Ave Fénix, con más conocimiento y un gran poder de curación. Su misión es transmitir el poder que atesora , y renacer siempre de las cenizas”.

Desde Psicotep pretendemos ser el espacio de apoyo, la muleta, para ese “volver a tirar las cartas” de cada persona que viene buscando un cambio para sí. Plenamente confiamos en que cada paciente guarda ya dentro sus propias capacidades y la valentía necesaria para, pese a todo,  renacer y  remontar el vuelo…

verguenza

¿Vergüenza de quién?

Cristina Moros y Fernando Botana

La vergüenza es una emoción relativamente poco estudiada dentro de la psicología, a pesar de que nuestra época está indudablemente marcada por la motivación narcisista como resorte del mecanismo social y económico imperante.

El sentimiento de vergüenza nace cuando hay una reacción interna, profunda y dolorosa ante la ausencia  de reciprocidad aprobadora generalmente en la infancia. Se manifiesta cuando, desde dentro de nosotros, sentimos que somos vulnerables ante la mirada de un Otro (sea este una persona real, o un  propio observador interno) quedando en falta, desnudos o desprotegidos ante ella.

Si bien el sentimiento de vergüenza se origina en la infancia, se va consolidando por etapas hasta llegar a invadir el conjunto del psiquismo. Está ligado sobre todo a situaciones vividas por el niño o el  adolescente en un contexto familiar en el que predominan el secreto, la desconsideración y la deshonra o humillación, causando sentimientos de ilegitimidad, inferioridad. El ambiente familiar está señalado por la duda, la invalidación, el disimulo. El niño crece sin sentimiento seguro de valía (narcisimo)

Cuando sentimos vergüenza estamos actualizando un sentimiento que está ahí continuamente y que se activa por algún estímulo que lo reaviva.

Pero en el nacimiento de la Vergüenza  pueden intervenir multitud de factores, no existe un solo factor que pueda explicar la totalidad de este sentimiento.

Veamos algunos de esos posibles factores “Fuentes de la Vergüenza” (Gaulejac, V. 2009):

  • La ilegitimidad. Ya sea porque el hijo no ha sido deseado, porque hay alguna duda sobre sus orígenes, o porque no ocupa el lugar que le corresponde (¿legítimamente?)
  • La desautorización o caída de los padres. El niño es humillado y los padres (generalmente ocurre con la figura paterna) no le pueden proteger. Los padres son invalidados y se encuentran impotentes para reaccionar, la ley del padre falla y, por lo tanto, la relación con el mundo se ve comprometida. El niño no se siente suficientemente bueno como para ser protegido.
  • Inferioridad. El niño se ve distinto a los demás.
  • Invalidación. Se da a entender al niño que es insatisfactorio, inadecuado.
  • Desubicación. El niño no sabe qué lugar ocupa. Siente vergüenza por no tener un lugar entre los demás niños.
  • Degradación. Lo frecuente es que un niño, en su primera etapa, sienta que es un ser grandioso por las atenciones y miradas de admiración recibidas, más adelante es cuando se da cuenta de que sus padres no son perfectos, ni poderosos, ni heroicos, que son mal vistos por los demás, incluso cobardes, pobres y que fingen, entonces pierde la confianza interior, cae desde muy alto y es terreno abonado para comenzar a sentir vergüenza.
  • Lo No Dicho. El entorno calla cuando no puede asumir el sufrimiento del otro, y ese silencio impacta en el niño de múltiples formas. Existen muchos ejemplos de este “no dicho” por ejemplo un padre que fallece y no se informa al niño, por no hacerle sufrir, hasta pasado un tiempo, el niño percibe cosas que anuncian algo trágico y siente que se le aparta, es posible que acabe por sentir que él no tiene derechos como los demás, este sentimiento genérico será el embrión de una vergüenza difusa que se manifestará de múltiples formas.
  • Inhibición. La humillación solo produce vergüenza si el sujeto se siente incapaz de reaccionar, la agresividad frustrada es internalizada. El sujeto es doblemente humillado, por la propia humillación y, ante sí mismo, por no hacer nada ante ella.

Siguiendo a Lansky (1999) hay un amplia gama de experiencias humanas donde rastrear esta emoción…”Se produce conciencia de fallo en la satisfacción de estándares e ideales. Desde quedar en evidencia como inadecuado o insuficiente; desde status de inferioridad, imaginado o real; y desde la conciencia de que uno mismo es sucio, inadecuado, necesitado, vacío, dependiente, rabioso, decepcionante, tímido, miedoso social o inepto, propenso a la humillación, etc. El espectro de las emociones relacionadas con la vergüenza, incluye, a parte de la vergüenza misma, sensación de embarazo, humillación (experiencia de vergüenza causada deliberadamente por el otro), inferioridad, timidez, y miedo social; también incluye defensas contra la vergüenza (pudor) que es lo opuesto a “sinvergüenza”: modestia, humildad, y conceptos parecidos. También se puede ver que la vergüenza opera de forma latente detrás de otros fenómenos afectivos: venganza, envidia, resentimiento, y otras formas de rabia, todo lo cual podemos encontrar que normalmente está instigado por una experiencia de vergüenza que produce una comparación que permanece oculta o no reconocida”.

 Lo que más interesante nos parece, es como desde el aprendizaje infantil, y a partir de cualquiera de las “fuentes de la vergüenza” citadas anteriormente, un niño puede sentirse mal mirado y ese mal reflejo empañará todo nuestro hacer, colándose en todas las aéreas de nuestra identidad y en la manera en la que nos relacionamos con el mundo. Creará una sensación de no querer ocupar el propio espacio, desactivando así las propias capacidades para el ejercicio de la libertad.

¿Cómo recomponernos ante la vergüenza? ¿Se puede borrar el estigma de sentirse inadecuado?

La vergüenza es algo de lo que no se quiere hablar, salvo que queramos compartirla íntimamente o desprendernos de ella en psicoterapia.

Desde la Psicoterapia se pretende que la persona genere dentro de sí, gracias al vínculo terapéutico y al proceso de verbalizar para desenmascarar sus orígenes,  un sistema firme de autoapoyo el cual le suponga el sostén de su propia acción, dejando consecuentemente de añorar unos ojos complacientes para ganar una mirada interna justa y afectiva.

lazos romanticos

Lazos románticos; Vínculos y cadenas

Lazos románticos; vínculos y cadenas

Cristina Moros

En el vínculo con la pareja se despiertan y rememoran nuestros aprendizajes más tempranos en cuanto al amor se refiere. Con esa persona a la que tenemos tan cerca, se nos activan pasados miedos y viejos traumas de cuando niños, conflictos antiguos difíciles de comprender. Esa persona a la que amamos, puede ser a la vez la dadora de la entrada al cielo pero también al infierno, teniendo en su mano la llave de las heridas profundas que cada uno guarda dentro de sí.

“Cuando se han sufrido traumas relacionales, una señal del otro, un comentario, un estado, provoca automáticamente el pánico como recuerdo evocado del pasado, un pánico ligado al conflicto entre la necesidad de la figura de apego a la vez que al ataque o huida de ésta misma porque es la que te hiere. Pero ahora este recuerdo emocional relacional se activa ya en dos personas adultas, que tienen tanto la capacidad de ser heridos como la de herir al otro”.

lazos romanticos

(Goldner, 2014)

¿Y qué sucede cuando cada parte de la pareja es el ángel y el demonio para el otro?, ¿cuándo queriéndose defender uno, ataca a la pareja, activando el consiguiente ataque reactivo en el otro, y así en sucesivos ciclos que parecen no tener fin?, ¿cómo romper ese deseo de querer ser rescatado por aquel que nos daña?, ¿cómo podemos escuchar a las dos partes para curar esas dos heridas independientes, que se despiertan en cada pelea de pareja?

En #Psicotep #Centro de psicoterapia tratamos estas dolorosas situaciones, deshaciendo los nudos de necesidades no escuchadas y peticiones erróneamente solicitadas. Trabajamos junto con las personas para que comprendan cuál es su parte de la responsabilidad en el conflicto relacional, para separar lo propio de lo ajeno, y sobre todo, para construir una realidad nueva limpia de antiguas heridas.

¿Por qué es tan importante el apego en los niños?

Teoría del apego y tipos de vínculo

¿Por qué es tan importante el apego en los niños?, ¿cuántos tipos de vínculo hay entre padres e hijos?, ¿marcará la relación con los padres en la futura capacidad relacional del hijo ya adulto?. ¿haber tenido “un estilo de apego seguro” en la infancia hace más fácil la felicidad en la adultez?

En este post te explicamos las claves para la comprensión de los diferentes estilos de apego, sus orígenes, consecuencias. En Psicotep centro de Psicoterapia se abordan los posibles trastornos de apego en sesiones de psicoterapia de una hora de  duración.

Será esclarecedor reflexionar un poco acerca del término“apego”  que se utiliza de manera cotidiana en nuestro día a día y que posee  en el ámbito psicoterapéutico gran relevancia, resultando muy esclarecedor para la práctica clínica. Así, el  concepto de “apego” hace referencia a los vínculos emocionales que las personas formamos con otros individuos a lo largo de nuestra vida, primero con los progenitores, y después con amigos, su pareja, compañeros e  hijos.

La Teoría del Apego nace en el año 1907, para explicar las diferencias individuales respecto a cómo la gente piensa, se siente y se comporta en las relaciones interpersonales. Cada tipo será un estilo de apego diferente.

Remontándonos a las investigaciones que dieron origen a estas teorías, tenemos en Bowlby (1988) a su primer estudioso. Sus reflexiones se centraron  en en las experiencias del infante y del niño respecto a la separación, la perdida, el duelo y la pena respecto a la figura de la cuidadora.

LA SITUACIÓN EXTRAÑA

La situación extraña” (Mary Ainsworth) hace referencia al proceso de laboratorio en el que se estudia al niño en la interacción con su madre y con un adulto extraño, es decir, en una situación con alguien que no es familiar.  Los resultados del estudio longitudinal de Ainsworth en este paradigma experimental le llevaron a concluir la existencia de los diferentes estilos de apego.

ESTILOS DE APEGO

1. Apego seguro

Surge de padres que apoyan emocionalmente a sus hijos, que son claros y consistentes en su sociabilización. Da lugar a persona que ya de adultos,presentan una visión más positiva de sí mismos y de sus relaciones interpersonales pues se sienten interiormente seguros.

2. Apego preocupado-ansioso

En la infancia se trataría de un niño que no se siente seguro para explorar el medio por sí mismo ya que necesita de su sujeto de apego, pero tampoco sabe cuando puede acercarse a él ante la ambivalencia que este le provoca. Dicha ambivalencia viene causada por la falta de consistencia en las respuestas emocionales de sus cuidadores. Este patrón da lugar a personas que suelen buscar de manera constante aprobación de los demás y la respuesta continua de la pareja. Por tanto, son individuos dependientes, desconfiados y  Presentan niveles altos de expresión emocional e impulsividad.

3. Apego evitativo-independiente

En la infancia se trata de niños pasivos e indiferentes que no hacen caso al sujeto del apego.Han aprendido a no necesitar de dicha figura.En la dultez se vislumbra en  individuos que suelen aislarse porque no se sienten cómodos en la intimidad con otras personas,y que parecen  muy independientes. Se ven a sí mismos como auto suficientes y sin necesidad de un otro.

4. Apego desorganizado

En la infancia  denota un temor y recelo hacia el sujeto del apego. Los adultos con apego desconfiado se caracterizan porque tienen sentimientos contradictorios en sus relaciones interpersonales. Es decir, pueden sentirse tanto deseantes como incómodos con la intimidad emocional. Suelen verse a sí mismos con poco valor y desconfían de los demás.

En #Sinadic hablamos de #Trastornos del apego, no como patología, sino como características o rasgos de personalidad que se adquieren como hemos visto, en el contexto de una relación prolongada con los cuidadores primarios. De esta manera el sujeto desarrolla un modelo cognitivo, unas representaciones en su propia mente, acerca de cómo son para él los otros y la expectativa de cómo le tratarán y cuidarán. Estas representacines se repetirán en la adultez con las siguientes personas significativas con las que se conviva. Pongamos como ejemplo; un niño de apego evitativo será un adulto al que le costará encontrar un espacio de intimidad con los otros.

En el centro para el tratamiento de adicciones Sinadic, el terapeuta debe tener la habilidad de hacer sentir al paciente que él/ella aprendió dicho patrón en su infancia porque fue la mejor manera que encontró para adaptarse a su entorno y también, y sobre todo, que ahora puede madurar como persona decidiendo trascender dichos aprendizajes infantiles.

adopcion y problemas

Sobre la adopción y sus problemas.

Sobre la adopción y sus problemas

  • ¿Qué sucede para que una familia llegue a tomar la decisión de “devolver” a un hijo adoptado?

Sucede que los padres se encuentran con situaciones que ellos no esperaban, a veces son circunstancias de las que ya habían sido informados en la preparación que reciben en las distintas comunidades autónomas antes de la adopción, que cuando tienen lugar, les hacen sentir desbordados.  Los niños adoptados son niños que han sufrido, y aunque no se puede anticipar un pronóstico, sabemos que la probabilidad de tener una evolución difícil es alta. No obstante, para que unos padres decidan devolver un niño adoptado se tienen que dar circunstancias muy angustiantes y los profesionales responsables de adopción trabajan muy seriamente para que esto no suceda ya que daría lugar en el niño a un segundo abandono.

  • ¿En qué edades suele suceder más frecuentemente?

A partir de los cinco a ocho años de convivencia cuando el menor entra en la adolescencia es cuando el menor llega a esa etapa evolutiva en la que los cambios tan bruscos suelen desencadenar distintas crisis.

  • ¿Qué es lo que falla cuando sucede algo así?

¿Dónde está el fallo? En general el fallo está en la mala gestión del desajuste de un sueño (el de los padres al adoptar) con una realidad (la de un niño que viene de una familia rota) que resulta a veces ser muy distinta de ese sueño maravilloso que es ser “padres felices”. Los niños a veces resultan ser muy desafiantes buscando situaciones en las que se demuestre que no volverán a ser abandonados y esto puede resultar agotador para unos padres poco preparados.

  • ¿Cómo se enfrentan los padres a un niño conflictivo, que no se adapta a su nueva vida? ¿Suelen sentirse culpables? ¿Piensan que algo no han hecho bien?

Nos encontraremos con distintas reacciones  emocionales según la personalidad de los padres, culposos (“no fuimos capaces”), culpabilizadores (la culpa la tiene…. la cultura….el idioma….el propio niño), no todas las personas tienen los mismos recursos para enfrentarse a situaciones difíciles no esperadas. Es muy frecuente la sensación de fracaso y también de culpa. La mayoría de los padres suelen superar estos problemas pero los que no lo superan suelen retrasar la pedida de ayuda por miedo a tener que afrontar un posible fracaso. Les aseguro que el sufrimiento por el que pasan estos padres (discusiones, terapia,  impotencia, divorcio. “Se sienten estigmatizados y fracasados”) es enorme

  • Ante un niño conflictivo, ¿Es necesario un apoyo psicológico?

Es aconsejable si los padres no se sienten preparados.

  • ¿Las características de los niños adoptados varía según la edad y el país de adopción? En qué situaciones es más fácil que surjan problemas con el niño?

Por supuesto que las distintas culturas hacen que los niños tengan ciertas peculiaridades que conocemos al igual que las distintas edades.

A partir del 2007 se comenzó a exigir la formación de los padres para adoptar, algunas rupturas tienen lugar en familias que adoptaron antes de esa fecha y que no fueron formadas, En la actualidad aparecen distintos problemas a los que los profesionales intentemos hacer frente adaptando la preparación a los nuevos tiempos y dificultades que van surgiendo.

  • La adolescencia es un periodo crítico en la vida de los niños, en el caso de los niños adoptados, lo es más? ¿es cuando quizá más se plantean quienes son sus padres adoptivos y quizá la necesidad de buscarlos?

Que la adolescencia es un período crítico es de sobra conocido, en consecuencia lo será también en los hijos adoptados quizás con mayor intensidad. Comienzan a plantearse sobre su identidad aunque este no sea su conflicto principal, más lo será la integración entre sus iguales y la formación de una identidad como en cualquier adolescencia.

  • ¿Se podría decir que no son tan idílicas las adopciones como cree la gente?

Es exactamente así.

drogas

Las drogas, aquí y ahora. Hablemos de drogas.

Las drogas, aquí y ahora

Este maravilloso vídeo nos muestra como los adictos del siglo XXI pasan a menudo desapercibidos entre nosotros y tendemos a identificar a personas con  adicción de forma estereotipada.

 

Las drogas: un problema de siempre

La drogadicción ha constituido a lo largo de los tiempos un grave problema social que afecta al rendimiento laboral, las relaciones interpersonales, la estabilidad familiar y de pareja y, por supuesto, la salud de la persona.

En Psicotep, Centro de Psicoterapia, contamos con personal especializado, psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas con formación profesional y experiencia en los métodos óptimos de solución a los profundos problemas asociados al consumo de sustancias adictivas. Por ejemplo:

Cannabis o marihuana

A pesar de su origen natural, planta del cáñamo, y los defendidos efectos medicinales, la marihuana posee un compuesto psicotrópico que produce, entre otras, las siguientes secuelas:

  • Incrementa notablemente el riesgo de tener un ataque al corazón a causa de la elevación de la presión arterial y el ritmo cardiaco y la disminución de la capacidad oxigenante de la sangre.
  • Hipotensión ortostática, que es el vértigo sufrido al ponerse de pie. Esto aumenta el peligro de caerse o desmayarse.
  • Irritación de la laringe, faringe y pulmones, ataques de tos y daños adicionales del sistema respiratorio.
  • Afecta la memoria y la concentración, entre otras alteraciones mentales.

Cocaína

Es un  alcaloide fuertemente estimulante, utilizado sobre todo como droga recreativa. Se administra, por lo general, en inyecciones endovenosas aunque también se fuma e inhala. Origina una fuerte adicción desde el comienzo porque perturba el área mesolímbica del cerebro, alterando la producción de la dopamina, hormona del placer.

Genera euforia en pocas cantidades, activando al individuo y volviéndolo locuaz y mentalmente alerta. En dosis mayores provoca la contracción de los vasos sanguíneos y dilatación de las pupilas, aumento de la temperatura, entre otras reacciones. Asimismo, puede conducir a conductas extrañas y violentas, temblores, complicaciones gastrointestinales y, en el peor de los casos, la muerte.

Alcohol

Aun siendo una bebida de uso popular, su ingesta excesiva conduce a una seria enfermedad que altera el funcionamiento físico y mental. El alcoholismo es un mal común que afecta a personas de todas las edades y clases sociales. Y es el responsable directo de un ingente número de accidentes de tráfico.

Si usted o alguien cercano presentan cualquiera de las adicciones mencionadas u otras, debe buscar pronto una salida. Contacte con nosotros y le guiaremos en el proceso de superación de estos problemas, ofreciéndole el apoyo y las herramientas necesarias para lograrlo.