verguenza

¿Vergüenza de quién?

Cristina Moros y Fernando Botana

La vergüenza es una emoción relativamente poco estudiada dentro de la psicología, a pesar de que nuestra época está indudablemente marcada por la motivación narcisista como resorte del mecanismo social y económico imperante.

El sentimiento de vergüenza nace cuando hay una reacción interna, profunda y dolorosa ante la ausencia  de reciprocidad aprobadora generalmente en la infancia. Se manifiesta cuando, desde dentro de nosotros, sentimos que somos vulnerables ante la mirada de un Otro (sea este una persona real, o un  propio observador interno) quedando en falta, desnudos o desprotegidos ante ella.

Si bien el sentimiento de vergüenza se origina en la infancia, se va consolidando por etapas hasta llegar a invadir el conjunto del psiquismo. Está ligado sobre todo a situaciones vividas por el niño o el  adolescente en un contexto familiar en el que predominan el secreto, la desconsideración y la deshonra o humillación, causando sentimientos de ilegitimidad, inferioridad. El ambiente familiar está señalado por la duda, la invalidación, el disimulo. El niño crece sin sentimiento seguro de valía (narcisimo)

Cuando sentimos vergüenza estamos actualizando un sentimiento que está ahí continuamente y que se activa por algún estímulo que lo reaviva.

Pero en el nacimiento de la Vergüenza  pueden intervenir multitud de factores, no existe un solo factor que pueda explicar la totalidad de este sentimiento.

Veamos algunos de esos posibles factores “Fuentes de la Vergüenza” (Gaulejac, V. 2009):

  • La ilegitimidad. Ya sea porque el hijo no ha sido deseado, porque hay alguna duda sobre sus orígenes, o porque no ocupa el lugar que le corresponde (¿legítimamente?)
  • La desautorización o caída de los padres. El niño es humillado y los padres (generalmente ocurre con la figura paterna) no le pueden proteger. Los padres son invalidados y se encuentran impotentes para reaccionar, la ley del padre falla y, por lo tanto, la relación con el mundo se ve comprometida. El niño no se siente suficientemente bueno como para ser protegido.
  • Inferioridad. El niño se ve distinto a los demás.
  • Invalidación. Se da a entender al niño que es insatisfactorio, inadecuado.
  • Desubicación. El niño no sabe qué lugar ocupa. Siente vergüenza por no tener un lugar entre los demás niños.
  • Degradación. Lo frecuente es que un niño, en su primera etapa, sienta que es un ser grandioso por las atenciones y miradas de admiración recibidas, más adelante es cuando se da cuenta de que sus padres no son perfectos, ni poderosos, ni heroicos, que son mal vistos por los demás, incluso cobardes, pobres y que fingen, entonces pierde la confianza interior, cae desde muy alto y es terreno abonado para comenzar a sentir vergüenza.
  • Lo No Dicho. El entorno calla cuando no puede asumir el sufrimiento del otro, y ese silencio impacta en el niño de múltiples formas. Existen muchos ejemplos de este “no dicho” por ejemplo un padre que fallece y no se informa al niño, por no hacerle sufrir, hasta pasado un tiempo, el niño percibe cosas que anuncian algo trágico y siente que se le aparta, es posible que acabe por sentir que él no tiene derechos como los demás, este sentimiento genérico será el embrión de una vergüenza difusa que se manifestará de múltiples formas.
  • Inhibición. La humillación solo produce vergüenza si el sujeto se siente incapaz de reaccionar, la agresividad frustrada es internalizada. El sujeto es doblemente humillado, por la propia humillación y, ante sí mismo, por no hacer nada ante ella.

Siguiendo a Lansky (1999) hay un amplia gama de experiencias humanas donde rastrear esta emoción…”Se produce conciencia de fallo en la satisfacción de estándares e ideales. Desde quedar en evidencia como inadecuado o insuficiente; desde status de inferioridad, imaginado o real; y desde la conciencia de que uno mismo es sucio, inadecuado, necesitado, vacío, dependiente, rabioso, decepcionante, tímido, miedoso social o inepto, propenso a la humillación, etc. El espectro de las emociones relacionadas con la vergüenza, incluye, a parte de la vergüenza misma, sensación de embarazo, humillación (experiencia de vergüenza causada deliberadamente por el otro), inferioridad, timidez, y miedo social; también incluye defensas contra la vergüenza (pudor) que es lo opuesto a “sinvergüenza”: modestia, humildad, y conceptos parecidos. También se puede ver que la vergüenza opera de forma latente detrás de otros fenómenos afectivos: venganza, envidia, resentimiento, y otras formas de rabia, todo lo cual podemos encontrar que normalmente está instigado por una experiencia de vergüenza que produce una comparación que permanece oculta o no reconocida”.

 Lo que más interesante nos parece, es como desde el aprendizaje infantil, y a partir de cualquiera de las “fuentes de la vergüenza” citadas anteriormente, un niño puede sentirse mal mirado y ese mal reflejo empañará todo nuestro hacer, colándose en todas las aéreas de nuestra identidad y en la manera en la que nos relacionamos con el mundo. Creará una sensación de no querer ocupar el propio espacio, desactivando así las propias capacidades para el ejercicio de la libertad.

¿Cómo recomponernos ante la vergüenza? ¿Se puede borrar el estigma de sentirse inadecuado?

La vergüenza es algo de lo que no se quiere hablar, salvo que queramos compartirla íntimamente o desprendernos de ella en psicoterapia.

Desde la Psicoterapia se pretende que la persona genere dentro de sí, gracias al vínculo terapéutico y al proceso de verbalizar para desenmascarar sus orígenes,  un sistema firme de autoapoyo el cual le suponga el sostén de su propia acción, dejando consecuentemente de añorar unos ojos complacientes para ganar una mirada interna justa y afectiva.